Columna publicada por José Sabat en el diario EL UNIVERSO.
El original puede encontrarse en: http://www.eluniverso.com/2008/10/10/0001/21/04929FB161214F9CA4458FBC3F2551D6.html
Bossa nova
Este 2008 el mundo recuerda los cincuenta años de Chega de saudade (Basta de nostalgias), la hermosísima canción que se hizo famosa porque dio nacimiento a la bossa nova.
“Si vos regresas, qué cosa más linda, qué cosa loca; porque hay menos peces en el mar que los besos que yo te daría en la boca”. (Es mi propia traducción libre, así que no pidan exactitud milimétrica).
Tom Jobim y Vinicio de Moraes suavizaron la tradicional samba con un toque de jazz y una orquestación “culta”. Así nació una de las mayores contribuciones de América Latina a la cultura occidental. Hasta Frank Sinatra acabó cantando bossa nova: ¿Recuerdan la Chica de Ipanema?¿Cómo pudo un país entonces tan atrasado dar nacimiento a una música tan universal?
Un ingrediente importante fue el contexto político y económico. A mediados de los años cincuenta, Brasil había adoptado el modelo “nacional-desarrollista” que combinaba una mayor intervención del Estado con una agresiva apertura a la inversión extranjera y bastante tolerancia política.
Al frente se puso Juscelino Kubitschek, presidente entre 1955 y 1961. El “señor bossa nova”, como lo llamaban, era un hombre muy educado que se rodeó de científicos, intelectuales y artistas, para construir, entre otras cosas, una ciudad entera, Brasilia, la nueva capital.
Cineastas, médicos, empresarios, maestros, investigadores, toda la clase media profesional se propuso sobrepasar en su medio el nivel de calidad hasta ese momento aceptado. Comenzó entonces el despegue industrial y la modernización del país. Un sentimiento de orgullo nacional se extendió, y los brasileños comenzaron a ver a su nación como la “coisa mais grande do mundo”.
Se han hecho muchas críticas al modelo de Kubitschek, que fortaleció a la clase media y las clases altas pero postergó a los trabajadores y los pobres. Ese rasgo de egoísmo se agudizó luego, cuando una dictadura militar anticomunista asumió el poder en 1964, aunque paradójicamente conservó la propuesta económica del “nacional-desarrollismo”.
Lula es, precisamente, un reflejo de esa postergación de los obreros. Sin embargo, Brasil no sería la octava o novena economía del mundo, y por tanto no tendría tantos obreros y tantos sindicatos, si no fuese por esa fiebre de cultura y excelencia que comenzó con la bossa nova.
Hay estatismos y estatismos. Se puede tener un Estado que se rodea de las lumbreras intelectuales de su tiempo para invertir y transformar con audacia la economía, motivando a la población a ponerse metas que estén por encima de las miserias del día; o se pueden tener gobernantes estatistas que desairan a sus propios colaboradores, los marginan, y se gastan la plata de los contribuyentes en subsidiar la miseria.
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