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viernes, 5 de septiembre de 2008

La confusion

Santiago Roldos es alguien que como se dice en el calle, el no se casa con nadie. Escribio hace poco en el diario EL TELEGRAFO (estatal, pero por eso no dejaba de criticar al presidente y me imagino que por eso ya no escribe ahi), no tiene miedo en criticar y demostrar la verguenza que le da ser pariente de alguien como Abdala Bucaram. En su articulo de la revista Vistazo, "La confusion" rememora la situacion actual del pais y como el debate constitucional se ha vuelto una conversacion teologica y un concurso de popularidad.

Tambien puede encontrarse en: http://www.vistazo.com/webpages/impresa.php?edicion=985&sID=3&ID=2066


Jóvenes que no parecen jóvenes, a favor del sí y el no, disfrazados de proyectos de funcionarios públicos privatizados, entran al escenario de la discusión política.
A trompicones —estéticos y filosóficos— el hasta hace muy poco imposible relevo generacional, uno de los procesos ineludibles de la continuidad de la vida, empieza a desempolvarse. Algo se está moviendo en el país paralítico que había que echar a andar desde hace 30 años. Pero, ¿hasta qué punto ese relevo se genera más en un colapso del aparato anquilosado, reproduciendo la solemnidad en la indumentaria y la semántica, antes que en un cambio verdaderamente revolucionario de prácticas y actitudes, incluyendo una crítica al nivel y a la construcción tradicional del discurso? Más allá de la eficacia mercantil de la propaganda, nivel del discurso es exactamente lo opuesto a reproducción de la demagogia, que significa literalmente: lo que el pueblo quiere escuchar (tal como comprobaron algunos asambleístas progresistas, la mayoría de la sociedad ecuatoriana, cuestión de tiempo y proceso, no quiso o no pudo asumir ciertos debates, no sólo normalizados en otras latitudes del mundo, sino cruelmente estructurales del status quo de nuestra corrupción, falocracia y subdesarrollo).

Para mí estos son los tiempos más oscuros que ha vivido el país desde los tiempos de León Febres-Cordero. No abogo, en lo más mínimo, a favor de la improbada calidad de los procesos gobernados por Rodrigo Borja, Sixto Durán Ballén, Abdalá Bucaram- Arteaga-Alarcón, Jamil Mahuad-Noboa y Lucio Gutiérrez-Palacio.

Se trata más bien de contrastar lo blanco y negro de unas gestiones que nos permitían ubicar, con mayor facilidad, fronteras entre conservadurismo y cambio, así como sus retos e inconsecuencias.

Es como si el Ecuador, al menos en el plano de la política, más allá del bien y del mal (la moral, la adjetivación y la descalificación no sólo continúan imperando en nuestra retórica política, sino que se han agudizado) hubiese llegado recién al mundo de la posmodernidad: todo muy confundido y mezclado, incluso más que en los denunciados tiempos del febresborjismo, cima de la sensación apocalíptica de que “todo es lo mismo”; pues ahora no se trata, al menos no solamente, de una probable o real traición a los principios inspiradores del cambio, sino más bien de la agudización de una crisis de representación sustentada, por un lado, en la varias veces denunciada “velocidad” con la que la sociedad civil desea que se produzca dicha transformación (similar a la temporalidad narcisista de la clase media argentina, que saca presidentes al ritmo de la depresión de sus cuentas de ahorros, y no de la explotación general del sistema). Y, por otra parte, en una revancha popular digna de las tradiciones menos ideológicas del populismo, cuyos protagonistas, para mayor INRI, proceden más bien de esas mismas clases medias en alza (los nuevos ricos de la política) antes que de los sectores “populares”.

Mayor confusión cuando a todo lo ancho del abanico del sí, desde el “sí a todo” hasta el “sí –supuestamente– crítico” (más que postura crítica, lo suyo parece una doble precaución: cuidado y resulta que este sí es el cambio, aunque no lo parezca; y cuidado, aunque no sea el cambio, nos quedamos a la vera del poder), la democracia que propugna esta autodenominada revolución ciudadana (definida nuestra impronta revolucionaria desde las agencias de publicidad y el aparato estatal) está liderada por un estadista cuya concepción majestuosa del poder y su relación con la productividad provienen de una tradición autoritaria anterior al proyecto de ciudadanización emprendida hace más de dos siglos por la Revolución (ciertamente burguesa) Francesa. Una tradición medieval. Utopía, en su acepción de ingenuidad, que revela la disposición/ceguera de diversos sectores proclives al cambio del sí “no-a-todo”, sino “a-pesar-de-todo”, entre otras cosas: de que la izquierda y la derecha estén confundidas en el propio seno constituyente del Gobierno.

sábado, 19 de julio de 2008

Infantilismo de izquierda

Columna escrita por Jorge Vivanco para la Revista Vistazo, donde se señalan los grandes errores que ha tenido la izquierda ecuatoriano y sus infantil argumento de apoyo hacia las FARC.
La izquierda latinoamericana en general, ha demostrado que no sabe gobernar; llega al poder luego de luchas muy esforzadas y largas, y habiendo llegado cae, inexperta e ingenua, en las redes de sus adversarios, contra los que había luchado tan denodadamente. Una excepción de esta regla es, desde luego, la izquierda cubana que no ha cedido y allí está la Revolución, a pesar de las acechanzas y de la crisis.

Nuestra izquierda ha dado repetidas muestras de esta actitud llamada infantilismo político; tanto que, por ejemplo, en 1938, habiendo tenido el poder en sus manos, lo entregó a los liberales, que lo primero que hicieron fue sacar a los diputados socialistas a empellón limpio y a bayoneta calada del Congreso, estableciéndose una dictadura derechista con membrete liberal.

Pero lo que no se entiende es la actitud de la izquierda latinoamericana respecto de las FARC, que mantiene por décadas una guerra interna contra el gobierno de Bogotá, a la cual nuestra izquierda da su apoyo indiscriminado, inclusive en este momento en que sufre un verdadero descalabro.

El error fue muy anterior. Apoyó a las FARC a pesar de que este movimiento se había aliado con el narcotráfico y se entregó al terrorismo. Lo primero se probó repetidamente en el Ecuador precisamente: gran parte de los descubrimientos que hacían nuestras Fuerzas Armadas de “campamentos” que habían instalado las FARC a los que siempre llegó cuando estaban vacíos, eran laboratorios para elaborar cocaína; los sembríos de coca en el cordón fronterizo, eran evidentes y fueron la causa por las cuales se produjo el enfrentamiento sobre las fumigaciones aéreas que Colombia decidió hacerlas sin conocimiento del Ecuador, a pesar de que perjudicaban a la salud, la vida y la economía de nuestros colonos en el nororiente. En cuanto al terrorismo, por los secuestros, las FARC han mantenido en vilo al mundo entero, y han sido un mecanismo de chantaje que se hacía públicamente. ¿Qué mayor acto de terrorismo que el secuestro de personas?. Sin embargo, la izquierda latinoamericana apoyó y apoya a las FARC, ¿en nombre de qué?. No se entiende bien esta actitud, salvo que aceptemos la tesis de que la izquierda latinoamericana sufre de un estado crónico de infantilismo.

El presidente Chávez de Venezuela, aprovechó los vínculos con las FARC para obtener la liberación de seis rehenes, lo que exaltó su figura y la empujó como líder regional; pero Colombia le cortó el camino.

Nuestro gobierno, según declaraciones oficiales, apuntó alto: la liberación de Ingrid Betancourt, una especie de Joya de la Corona; se hicieron algunas gestiones que se terminaron abruptamente con el bombardeo colombiano al campamento de Angostura y el rompimiento de relaciones diplomáticas con Bogotá, cuyo gobierno tenía sus propios planes de liberación de Ingrid y 14 rehenes de excepción, mediante una operación militar tan perfecta, que hay la teoría de que no fue tal, sino una simple compra en 20 millones de dólares al comando de las FARC o a la custodia armada de esos rehenes. Si esto ha sucedido, querría decir que la guerrilla ha caído en la más profunda crisis moral, que se ha convertido en una banda de chantajistas de la peor especie. Así, está acabada.

Uno de los sectores que fue parte de la plataforma electoral del actual gobierno, y ahora es uno de sus sustentos políticos, apoya a las FARC; un compromiso doctrinario, según se sostiene, pero en donde no hay doctrina verdadera, puesto que la izquierda ha repudiado y debe repudiar todo acto de terrorismo y de narcotráfico. Tratar de explicar esto por el simple odio que se tiene a Estados Unidos, sería otra de las infantilidades que demuestra nuestra izquierda, sin considerar que se encuentra en la ruta equivocada. La izquierda, a pesar del fracaso del sistema marxista de gobierno y de la caída del llamado mundo socialista, es y será siempre un factor importante en el gobierno de los pueblos: luchar por la justicia social, eso es socialismo. Luchar contra las inequidades, se llama socialismo, tome el membrete que quiera. Una noble misión ciertamente, que no puede ponerse al servicio de movimientos aliados con el narcotráfico y el terrorismo. Ojalá lo que ha sucedido y está sucediendo sirva para que medite la izquierda, rectifique procedimientos y fortifique su política social correctamente orientada.

viernes, 20 de junio de 2008

La contracorriente

Una alternativa interesante presentada por Jacobo Velasco, que explica como en Chile se ha podido encontrar un equilibrio entre mantener bajos costos de mano de obra, y dignidad y seguridad laboral. Todo a partir de políticas públicas.
El artículo original puede encontrarse en la revista Vistazo.
Una serie de tendencias y coyunturas han gatillado la discusión en el Ecuador de lo que debiera ser un marco de funcionamiento del mundo laboral tanto a nivel social como político. La experiencia muestra que cuando se mezclan crecimiento económico y diálogo social, el resultado es políticamente legítimo y garantiza un funcionamiento más estable en el tiempo. Ese es el caso de Chile. Ícono de la liberalización económica, desde el regreso a la democracia ha emprendido un proceso de reestructuración del mercado laboral. En los 90 hubo límites que el sector empresarial imposibilitó traspasar. La justificación era el crecimiento económico. Pero, a pesar de dos décadas de crecimiento a tasas anuales superiores al cinco por ciento, la percepción creciente era que dicho crecimiento no se traspasaba a las condiciones de vida de los trabajadores: el promedio de ingresos es más bajo que en países de similar ingreso per cápita; por ende, la desigualdad del ingreso entre los chilenos es una de las más altas en el continente más desigual del orbe; muchas de las pensiones que paga el sistema de jubilaciones son bajas, sobre todo entre las mujeres; a ello se suma un bajo nivel de sindicalización (algo relevante en el país con mayor empleo formal) y de negociación colectiva.

Esta realidad implicó reformas importantes, que se han intensificado en el gobierno de Michelle Bachelet: desde 2001 se implementó un sistema de seguro de desempleo con cobertura de ingresos de hasta 12 meses; hace tres años se emprendió una transformación de los juzgados laborales; en 2007 se aprobó la Ley de Subcontratación, que pone énfasis en los derechos garantizados a los trabajadores y la responsabilidad solidaria por parte de la empresa subcontratista; finalmente, Chile se ha comprometido a convertirse en el primer país sin trabajo infantil en América Latina para 2010. Pero los hitos más importantes tienen que ver con las reformas de pensiones y una transformación del mercado laboral prevista para este año. El aspecto más singular proviene de la gestación de estos cambios: Bachelet convocó a especialistas de todos los sectores, equilibradamente representados, a mesas consultivas para que discutan los pormenores de cada temática en un plazo determinado, luego del cual la Presidenta estructura el conjunto de propuestas en un proyecto de Ley. En el caso de las pensiones (2007-2008), este proceso significó instalar un pilar solidario, en el que el Estado garantiza una pensión mínima universal. Incorpora mecanismos para aumentar la competencia en la industria de las AFP para reducir los costos de administración e introduce bonos a la maternidad, así como una pensión a las amas de casa de los hogares más pobres.

La Comisión de Empleo y Equidad nació de una propuesta del presidente de la Conferencia Episcopal, Alejandro Goic, sobre la necesidad de implementar un sueldo ético. Según el prelado, el alto porcentaje de trabajadores con bajos ingresos no podían admitirse en un país con un ingreso per cápita importante. Dejó planteada la necesidad de discutir no solo el resultado sino la estructura del mercado laboral. Si bien la Comisión de Empleo y Equidad terminó su propuesta, no existen acuerdos específicos en cuanto a otros mecanismos que pudieran significar mejoras de la escala salarial.

Empero, se prevén cambios en términos de asegurar derechos y coberturas de las condiciones laborales. Estas reformas no pudieran haberse abordado si la macroeconomía no hubiese estado ordenada. Como principal productor mundial de cobre Chile se ha beneficiado con el aumento del precio.

Ello le ha generado excedentes superiores a los 15 mil millones de dólares. Pero la combinación entre pocos cambios sustanciales en la calidad de vida de la masa de trabajadores y las altas expectativas frente a los ingresos públicos, posibilitó repensar las condiciones en el mercado laboral, por la vía de una arquitectura institucional técnicamente financiable. Los cambios necesarios y ordenados, poniendo énfasis en un sistema de derechos básicos garantizados por la sociedad y el Estado, que provienen de un diálogo social inclusivo, son el mejor ejemplo de un proceso de contrarreforma laboral que será sostenible en el tiempo.