Mostrando entradas con la etiqueta Diario El UNIVERSO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diario El UNIVERSO. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de octubre de 2008

Hiperelitismo

Publicado en el UNIVERSO el 24 de octubre del 2008, escrito por Franklin Ramírez, profesor de la FLACSO. Nos explica claramente como se puede mezclar la democracia participativa con la representativa.... Una pequeña lección para los incrédulos.

El original puede encontrarse en:

http://www.eluniverso.com/2008/10/24/0001/21/F635AD7630BD4E9E87E6996F898E9875.html

HIPERELITISMO

Para los sectores radical-democráticos la reciente ratificación constitucional del régimen presidencialista ha sido una frustración. Durante las deliberaciones constitucionales de 1998 la izquierda postuló al menos la necesidad de un modelo semipresidencialista.

Su planteamiento fue largamente desoído.El presidencialismo de Montecristi está atravesado, no obstante, por un elemento que lo diferencia de modelos anteriores: la posibilidad de los ciudadanos de revocar el mandato del mismísimo Presidente. Se trata de uno de los dispositivos de democracia directa –cuando los ciudadanos participan en la vida política sin intermediación de sus representantes– que contempla la nueva Carta Magna.

Los otros son la iniciativa popular normativa (proponer leyes), el referéndum o la consulta popular. El texto fija también instancias de democracia participativa o deliberativa –consejos de planificación, veedurías, etcétera– que ponen en interlocución a la sociedad con las autoridades (lo que las diferencia de la democracia directa) para procurar la incidencia ciudadana en la toma de decisiones y en el control social del Estado.Los sectores radical-democráticos ven aquí una opción de gran potencial emancipatorio. El liberalismo se aterra: en su concepción elitista de la democracia, la participación vuelve ineficiente la administración pública y obliga a los representantes a gobernar junto al pueblo.

Luego de las movilizaciones sociales globales de los años sesenta y setenta, los neoconservadores diseñaron una serie de reformas para contener tal furor ‘democrático’. Se trataba de evitar la politización de las demandas sociales (por lo que se trasladó su procesamiento del Estado al mercado), desplazar la movilización social hacia el voto, y fijar el poder decisorio en unas élites dirigentes seleccionadas cada tanto.

Los enfoques de la gobernabilidad, que redujeron el espacio democrático a los pactos entre partidos escindidos de lo social, impregnaron desde entonces cualquier agenda de reforma política. La Constitución de 1998 bebió de esas tesis.Tales sectores califican como ‘primitivismo participativo’ al conjunto de mecanismos de participación diseñados en Montecristi. No dejan de tener razón: para los primitivos atenienses la democracia se realiza cuando los ciudadanos ejercen real y directamente el poder. Su crítica es, sin embargo, más arrogante: pretenden que el liberalismo es la única fuente normativa de la democracia y que el gobierno representativo expresa en su más alto sentido a la política moderna.

En el pensamiento republicano y socialista, filosofías también portadoras del proyecto democrático, el buen gobierno depende de la implicación cívica de una ciudadanía preocupada con el bien común, el ideal de autogobierno y el control popular de la cosa pública. Representación y participación no se oponen. Su articulación reduce más bien la muy probable autonomización de los gobernantes con respecto a los gobernados.Aunque la participación popular no se decreta, es indudable que en la Constitución hay un germen de democracia radical que solo encontrará su realización en las prácticas efectivas de ciudadanos y colectivos. Al negar tal probabilidad, los neoconservadores se acercan al ‘soberano’ que, dicen ellos, nos gobierna: confían más en el voto que en la organización social.

* Sociólogo. Profesor de FLACSO-Ecuador.

jueves, 9 de octubre de 2008

Bossa Nova

Columna publicada por José Sabat en el diario EL UNIVERSO.
Bossa nova
Este 2008 el mundo recuerda los cincuenta años de Chega de saudade (Basta de nostalgias), la hermosísima canción que se hizo famosa porque dio nacimiento a la bossa nova.
“Si vos regresas, qué cosa más linda, qué cosa loca; porque hay menos peces en el mar que los besos que yo te daría en la boca”. (Es mi propia traducción libre, así que no pidan exactitud milimétrica).
Tom Jobim y Vinicio de Moraes suavizaron la tradicional samba con un toque de jazz y una orquestación “culta”. Así nació una de las mayores contribuciones de América Latina a la cultura occidental. Hasta Frank Sinatra acabó cantando bossa nova: ¿Recuerdan la Chica de Ipanema?¿Cómo pudo un país entonces tan atrasado dar nacimiento a una música tan universal?
Un ingrediente importante fue el contexto político y económico. A mediados de los años cincuenta, Brasil había adoptado el modelo “nacional-desarrollista” que combinaba una mayor intervención del Estado con una agresiva apertura a la inversión extranjera y bastante tolerancia política.
Al frente se puso Juscelino Kubitschek, presidente entre 1955 y 1961. El “señor bossa nova”, como lo llamaban, era un hombre muy educado que se rodeó de científicos, intelectuales y artistas, para construir, entre otras cosas, una ciudad entera, Brasilia, la nueva capital.
Cineastas, médicos, empresarios, maestros, investigadores, toda la clase media profesional se propuso sobrepasar en su medio el nivel de calidad hasta ese momento aceptado. Comenzó entonces el despegue industrial y la modernización del país. Un sentimiento de orgullo nacional se extendió, y los brasileños comenzaron a ver a su nación como la “coisa mais grande do mundo”.
Se han hecho muchas críticas al modelo de Kubitschek, que fortaleció a la clase media y las clases altas pero postergó a los trabajadores y los pobres. Ese rasgo de egoísmo se agudizó luego, cuando una dictadura militar anticomunista asumió el poder en 1964, aunque paradójicamente conservó la propuesta económica del “nacional-desarrollismo”.
Lula es, precisamente, un reflejo de esa postergación de los obreros. Sin embargo, Brasil no sería la octava o novena economía del mundo, y por tanto no tendría tantos obreros y tantos sindicatos, si no fuese por esa fiebre de cultura y excelencia que comenzó con la bossa nova.
Hay estatismos y estatismos. Se puede tener un Estado que se rodea de las lumbreras intelectuales de su tiempo para invertir y transformar con audacia la economía, motivando a la población a ponerse metas que estén por encima de las miserias del día; o se pueden tener gobernantes estatistas que desairan a sus propios colaboradores, los marginan, y se gastan la plata de los contribuyentes en subsidiar la miseria.

viernes, 5 de septiembre de 2008

El chuchaqui del siglo XX

Siempre he tenido curiosidad por los editoriales de Gonzalo Peltzer. Es una mezcla de intelectualismo con pensamiento de hombre comun, como una charla de economia con un minero, como un profesor que te hace facil lo inentendible. Marx ya decia que los novelistas tenian ese algo para entender la economia y el preferia leer a Dickens que a Hegels. Para muestra este articulo que salio hoy en el diario EL UNIVERSO.
El original se lo puede encontrar en:

El populismo usa al pueblo para mantenerse en el poder: no pretende servirlo sino servirse de él. No le interesa sacarlo de la pobreza porque medra con la miseria generalizada: cuanto más pobres más populismo. Tampoco quiere impedir la ignorancia –que es mucho peor que la miseria– porque el electorado educado los reventaría con sus votos.
Llevo años anotando explicaciones con paciencia de monje medieval. Es que no encuentro la precisa, la que exprese con claridad lo que nos pasa a los argentinos. Por eso paré los oídos y la respiración el día en que Pilar Rahola, la periodista catalana, le preguntó inocente al doble ex presidente de Uruguay, Julio María Sanguinetti: “¿Hacia dónde va la Argentina?”. “El problema, mi querida Pilar, es que la Argentina no va hacia ninguna parte”, contestó don Julio con un resoplido. Otra vez nos dijo otro presidente oriental que somos todos ladrones, y recalcó “del primero al último”, pero sospeché de esta como de cualquier generalización, más propia de los integrismos fanáticos que de un pensador con criterio.
Hace pocos días me ocurrió con un sabio profesor español que lleva unos 50 años en nuestra América y que no nombro para no ponerlo en el yunque del poder: “Lo que nos pasa es que andamos con resaca de populismo”. Y me recordó que el siglo XX fue época terrible: dos guerras como nunca había visto la humanidad, exterminios en masa, genocidios, deportaciones colectivas... Y también que fue el siglo del comunismo, una ideología que hace apenas 30 años nos parecía eterna y que se desbarató dejando solo flecos que perduran arrumbados como tiranías en Cuba y Corea del Norte, olvidados como los pedazos dispersos del mapa perfecto de Borges: aquel tan grande –y tan inútil– como la superficie de la tierra que representaba.
El siglo XXI llegó a Sudamérica con el chuchaqui del populismo que se adueñó del poder en el continente por años y años del siglo pasado, como botones que se alzaban cuando otros se aplastaban. Aunque algunas lo fueron, no me refiero a las dictaduras militares que se volvieron moda degenerada con el beneplácito bastante elocuente, en muchos casos, de la Casa Blanca. Populista fue el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado en el Perú, los de Getulio Vargas en Brasil, de Juan Perón en la Argentina o de José María Velasco Ibarra en el Ecuador. También el de Alfredo Stroessner en Paraguay y el de Anastasio Somoza en Nicaragua. Fujimori fue el último que lo intentó, pero ya no estaba el horno para esos bollos.
“El peronismo es una máquina electoral que muta hacia los votos”, me dijo hace poco –y lo anoté en mi cuaderno de citas célebres– un amigo peronista visceral, de esos que le rezan a Evita antes de acostarse. Pero no creo que esa sea una definición tan cabal del peronismo como del populismo. El populismo usa al pueblo para mantenerse en el poder: no pretende servirlo sino servirse de él. No le interesa sacarlo de la pobreza porque medra con la miseria generalizada: cuanto más pobres más populismo. Tampoco quiere impedir la ignorancia –que es mucho peor que la miseria– porque el electorado educado los reventaría con sus votos. El pueblo inculto y pobre es obediente a los mesías de cartón, cree en la retórica hueca pero vehemente de los cínicos y no discierne la mentira de la verdad. Es pasto fácil de la cultura de la vagancia y también amigo del dinero fácil. El Estado lo es todo en los populismos y más que todo. Es quien paga los sueldos y también los subsidios y hasta intenta adueñarse de los medios de comunicación. Llena la caja con el dinero de los que producen y la vacía derrochándolo en los que no trabajan, que los votan encantados una y otra vez y de nuevo y otra vez más. El populista subsidia el transporte para que sea barato y baja los precios a fuerza de perseguir a quienes los suben. Entonces aparece infalible el desabastecimiento: faltan justo las mercaderías que la gente más necesita porque deja de ser negocio producirlas. Hasta que el gobierno se le ocurre fabricarlas por su cuenta y entonces es todo mucho más barato y hay más empleos para los vagos recontentos y ultraoficialistas. Para colmo les sobra el tiempo para dar vivas al gobierno en actos y mítines en los que se paga a buen precio la asistencia y dan billete por el aduleo, el aplauso fácil y los bombos y las cornetas y los tambores que calientan la diarrea verbal del poder. Eso sí, la leche y el pan se vuelven imbebibles e incomibles, pero entonces el cinismo les echa la culpa a los millonarios, que para todo populismo es el enemigo número uno del pueblo soberano.
Los argentinos suponemos que la resaca es síndrome de abstinencia y la aplacamos con un poco de cerveza. Los colombianos curan el guayabo con caldo de costilla. En las farmacias de Paraguay se vende sin suspicacias un remedio marca Resacol. Y en el Ecuador el cebiche es milagroso. Todo chuchaqui tiene su lado bueno y su lado malo. Lo malo es el dolor de cabeza, lo bueno es que se pasa pronto.

viernes, 11 de julio de 2008

Hambruna siglo XXI

Artículo publicado por Yolanda de Rojal para diario EL UNIVERSO, donde menciona las consecuencias de haber aplicado tarde medidas de soberanía alimentaria.
Originalmente publicado el 11 de julio del 2007.
Recién los pueblos que conforman la comunidad internacional empiezan a hablar de “soberanía alimentaria y energética”, pero no hicieron caso de la alerta de la crisis alimentaria surgida hace dos años, haciendo multiplicar hoy las conferencias con carácter urgente.La Biblia hace referencia a la hambruna como uno de los “Cuatro caballeros del Apocalipsis” y según la ONU, la actual es una de las peores en la historia de la humanidad. Buscando un sentido a esta catástrofe sabemos que 900 millones de personas se encuentran en estado de total desnutrición, ¿por qué entonces apenas el 4% de la ayuda al desarrollo se destina a la agricultura en los países pobres, dando como resultado el éxodo hacia las ciudades? Sangrientos motines en África, Asia, Haití y Egipto, muertes de niños en Pakistán por falta de medios para alimentarlos, colas de gente durante horas para recibir una ración de pan en barrios miserables de El Cairo, son secuelas de esta crisis.Recién los pueblos que conforman la comunidad internacional empiezan a hablar de “soberanía alimentaria y energética” pero no hicieron caso de la alerta de la crisis alimentaria surgida hace dos años, haciendo multiplicar hoy las conferencias con carácter urgente: el 28 de abril en Berna el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y dirigentes de la Organización Mundial del Comercio, Banco Mundial, FAO, el FMI y otros, aunaron esfuerzos para trazar un plan de acción inmediato a fin de combatir esta hambruna. Del 24 al 25 de junio el ex secretario de la ONU, Kofi Annan, creador del reciente Foro Humanitario Global, cuya prioridad es el calentamiento global por su repercusión evidente en la agricultura y en la gente y por su aumento inquietante, convocó a una conferencia mundial en Ginebra, enfocando lo que Annan llama “el rostro humano del cambio climático”.
Asimismo, en la agenda actual de los G-8 en Japón, la crisis alimentaria y calentamiento global, desastre de origen humano, tienen prioridad. Hoy voces se levantan para pedir que cesen los discursos y compromisos que suelen olvidarse en el camino, para dar paso a la acción.Explosión demográfica, transformación masiva de alimentos en hidrocarburos, manipulación especulativa de productos agrícolas, responsable del 30% de la explosión incontrolable de precios (estos dos últimos considerados como crímenes contra la humanidad por el escritor-filósofo suizo Jean Ziegler, ex relator del Programa Alimentario Mundial de la ONU), son varias de las otras causas de la catástrofe humanitaria. Jacques Diouf, director de la FAO, no esconde su inquietud frente a esta especulación; el trigo o el arroz dejaron de ser exclusivamente agrícolas para ser considerados como productos financieros con un incremento de 65% en apenas un año, habida cuenta que la crisis de subprime los ha convertido en nuevos valores especulativos.Mientras las finanzas se agitan, al mismo tiempo se nos aparecen esas terribles imágenes de niños y ancianos descarnados reducidos casi al estado de cadáveres.
Las cifras del año pasado nos muestran que cada cinco segundos un niño de menos de 10 años moría de hambre y 100.00 personas fallecen todos los días por la misma causa.“Es inadmisible que vivamos en un mundo donde por un lado el progreso permite enviar satélites al espacio, y por el otro, millones de hombres, mujeres y niños mueren de hambre”, manifiesta Ziegler.Para solucionar la hambruna, la multinacional Nestlé propone el proceso de organismos genéticamente modificados (OGM) pero en este caso, las multinacionales agroalimentarias tendrían control absoluto sobre la nutrición del planeta y por otra parte, ¿qué sabemos de los daños irreversibles que los OGM puedan causar a la salud?La grave situación actual me llevó a evocar Sol verde (Soylent green), una película de los años setenta de carácter premonitorio, cuya trama se desarrolla en el 2022 en la ciudad de Nueva York cubierta de un lúgubre esmog amarillo que había invadido todo el planeta. Clásico de ciencia ficción, es quizás uno de los más pesimistas y sombríos que se han realizado jamás; nos sobrecoge la visión de un mundo parecido a la muerte donde los recursos naturales han sido agotados por el hombre y donde todos viven en el terror. Como documento audiovisual profético, alude a problemas actuales tales como sobrepoblación, violencia urbana, desaparición de especies animales, desertificación, polución, crisis alimentaria, motines por la hambruna, alimentos genéticamente modificados, manipulación de las multinacionales.
Punto focal del filme es Soylent Company, una imaginaria multinacional agroalimentaria que produce unas macabras tabletas para saciar el hambre llamadas “soylent green”.Sol verde, cualquier semejanza con la vida real… es real.

viernes, 20 de junio de 2008

La época de la ambición

Excelente artículo de Nicholas Kristof, a mi parecer uno de los más inspiradores que trata sobre las distintas actividades en las que laboro.

Se publicó en el diario EL UNIVERSO originalmente.
http://archivo.eluniverso.com/2008/01/30/0001/21/AEAE5C9E7F10440E80A1406428EE2C3F.aspx


A Bill Drayton, el director ejecutivo de una organización llamada Ashoka que apoya emprendedores sociales, le gusta decir que esa gente no reparte peces ni enseña a pescar a las personas, su objetivo es revolucionar la industria pesquera. Si eso suena perdidamente ambicioso, lo es.

Con la campaña presidencial estadounidense a todo lo que da, parecería ser que la forma evidente de cambiar el mundo es por medio de la política.Sin embargo, crecientes cantidades de jóvenes se están metiendo en la refriega y haciendo ellas mismas el trabajo. Son los emprendedores sociales, la respuesta del siglo XXI a los manifestantes estudiantiles de los años sesenta, y son algunas de las personas más interesantes aquí en el Foro Mundial Económico (no solo porque tienen la mitad de la edad de todos los demás).
Andrew Klaber, de 26 años, que se fue de pinta de la Escuela de Administración de Harvard para venir (¡no le digan a sus profesores!), es un ejemplo del emprendedor social. Al terminar su último año universitario, pasó el verano en Tailandia y se horrorizó al ver adolescentes forzadas a prostituirse después de que los padres murieron de sida.Así es que empezó con Huérfanos contra el sida (www.orphansagainstaids.org) que paga gastos relacionados con la educación a cientos de niños que han quedado huérfanos o afectados de alguna otra forma por el sida en países pobres. Él y sus amistades trabajan como voluntarios y cubren costos administrativos de sus propios bolsillos de tal forma que todo el dinero va para los niños.Klaber pudo expandir la organización sin fines de lucro en África por medio de contactos proporcionados por Jennifer Staple, que iba un año antes que él cuando estaban en la universidad. Cuando ella estaba en el último año, fundó una organización en su habitación del dormitorio universitario para reunir viejos anteojos para leer, en Estados Unidos, y embarcarlos a países pobres. Ese grupo, Unidos para la Visión, ha crecido muchísimo, y el año pasado proporcionó atención oftalmológica a 200.000 personas (www.uniteforsigt.org).En los años sesenta, quizá los estadounidenses más admirables fueron los que trabajaron por los derechos civiles y los manifestantes contra la guerra que iniciaron movimientos que transformaron el país.
En los ochenta, las personas más fascinantes fueron los emprendedores como Steve Jobs y Bill Gates, que establecieron compañías y terminaron or revolucionar la forma en la que usamos la tecnología.Hoy en día, los jóvenes más admirables son los emprendedores sociales, los que ven un problema en la sociedad y se remangan las mangas de la camisa para hacerle frente en formas nuevas. A Bill Drayton, el director ejecutivo de una organización llamada Ashoka que apoya emprendedores sociales, le gusta decir que esa gente no reparte peces ni enseña a pescar a las personas, su objetivo es revolucionar la industria pesquera. Si eso suena perdidamente ambicioso, lo es. John Elkington y Pamela Hartigan titularon su libro nuevo sobre los emprendedores sociales: The Power of Unreasonable People (El poder de la gente poco razonable).Las universidades ofrecen ahora clases de empresas sociales, y hay un creciente número de modelos a seguir. Wendy Kopp convirtió su tesis en Princeton en Enseñar en Estados Unidos, y ha tenido muchísimo más impacto en las escuelas que el secretario de educación promedio.
Una emprendedora social aquí es Soraya Salti, una jordana de 37 años que está tratando de transformar el mundo árabe enseñando cómo ser emprendedor. Su organización, Injaz, ahora capacita 100.000 estudiantes árabes cada año para encontrar un nicho de mercado, elaborar un plan empresarial y entonces lanzar y trabajar un negocio.El programa (www.injaz.org.jo) se ha propagado a 12 países árabes y tiene el objetivo de atender un millón de estudiantes este año. Salti argumenta que los emprendedores pueden estimular la economía, dar a los jóvenes un propósito y revitalizar el mundo árabe. En particular, ha aumentado la cantidad de muchachas en el programa, el que ha recibido críticas excelentes y contará con el apoyo de la Agencia Internacional de Desarrollo de Estados Unidos. Mi corazonada es que Salti contribuirá más a la estabilidad y la paz en el Medio Oriente que cualquier cantidad de tanques en Iraq, resoluciones de las Naciones Unidas o reuniones cumbre.“Si se puede captar a los jóvenes y cambiar su forma de pensar, entonces se puede cambiar el futuro”, dijo.
Otro joven con una misión es Ariel Zylbersztejn, un mexicano de 27 años que fundó y dirige una compañía llamada Cinepop que exhibe gratis películas en pantallas inflables en parques públicos. Zylbersztejn se dio cuenta de que el 90 por ciento de los mexicanos no puede pagar el boleto del cine, así es que inició su propio modelo empresarial: vende patrocinios a compañías para que se anuncien ante los miles de espectadores que van gratis al entretenimiento.Zylbersztejn trabaja con organismo de microcréditos y grupos de asistencia social para que hagan que las familias vayan a ver sus películas y ayudarlas a iniciar negocios o probar otras estrategias para superar la pobreza. Cinepop apenas tiene tres años, pero ya son 250.000 personas las que ven películas en pantallas, y su objetivo es llevar el modelo a Brasil, India, China y otros países.
Así es que mientras seguimos la campaña presidencial, no olvidemos que el ganador no será el único que dé forma al mundo. Solo una persona puede llegar a ser el Presidente de Estados Unidos, pero no hay límite alguno a la cantidad de emprendedores sociales que pueden hacer que este planeta sea un lugar mejor.