viernes, 20 de junio de 2008

La época de la ambición

Excelente artículo de Nicholas Kristof, a mi parecer uno de los más inspiradores que trata sobre las distintas actividades en las que laboro.

Se publicó en el diario EL UNIVERSO originalmente.
http://archivo.eluniverso.com/2008/01/30/0001/21/AEAE5C9E7F10440E80A1406428EE2C3F.aspx


A Bill Drayton, el director ejecutivo de una organización llamada Ashoka que apoya emprendedores sociales, le gusta decir que esa gente no reparte peces ni enseña a pescar a las personas, su objetivo es revolucionar la industria pesquera. Si eso suena perdidamente ambicioso, lo es.

Con la campaña presidencial estadounidense a todo lo que da, parecería ser que la forma evidente de cambiar el mundo es por medio de la política.Sin embargo, crecientes cantidades de jóvenes se están metiendo en la refriega y haciendo ellas mismas el trabajo. Son los emprendedores sociales, la respuesta del siglo XXI a los manifestantes estudiantiles de los años sesenta, y son algunas de las personas más interesantes aquí en el Foro Mundial Económico (no solo porque tienen la mitad de la edad de todos los demás).
Andrew Klaber, de 26 años, que se fue de pinta de la Escuela de Administración de Harvard para venir (¡no le digan a sus profesores!), es un ejemplo del emprendedor social. Al terminar su último año universitario, pasó el verano en Tailandia y se horrorizó al ver adolescentes forzadas a prostituirse después de que los padres murieron de sida.Así es que empezó con Huérfanos contra el sida (www.orphansagainstaids.org) que paga gastos relacionados con la educación a cientos de niños que han quedado huérfanos o afectados de alguna otra forma por el sida en países pobres. Él y sus amistades trabajan como voluntarios y cubren costos administrativos de sus propios bolsillos de tal forma que todo el dinero va para los niños.Klaber pudo expandir la organización sin fines de lucro en África por medio de contactos proporcionados por Jennifer Staple, que iba un año antes que él cuando estaban en la universidad. Cuando ella estaba en el último año, fundó una organización en su habitación del dormitorio universitario para reunir viejos anteojos para leer, en Estados Unidos, y embarcarlos a países pobres. Ese grupo, Unidos para la Visión, ha crecido muchísimo, y el año pasado proporcionó atención oftalmológica a 200.000 personas (www.uniteforsigt.org).En los años sesenta, quizá los estadounidenses más admirables fueron los que trabajaron por los derechos civiles y los manifestantes contra la guerra que iniciaron movimientos que transformaron el país.
En los ochenta, las personas más fascinantes fueron los emprendedores como Steve Jobs y Bill Gates, que establecieron compañías y terminaron or revolucionar la forma en la que usamos la tecnología.Hoy en día, los jóvenes más admirables son los emprendedores sociales, los que ven un problema en la sociedad y se remangan las mangas de la camisa para hacerle frente en formas nuevas. A Bill Drayton, el director ejecutivo de una organización llamada Ashoka que apoya emprendedores sociales, le gusta decir que esa gente no reparte peces ni enseña a pescar a las personas, su objetivo es revolucionar la industria pesquera. Si eso suena perdidamente ambicioso, lo es. John Elkington y Pamela Hartigan titularon su libro nuevo sobre los emprendedores sociales: The Power of Unreasonable People (El poder de la gente poco razonable).Las universidades ofrecen ahora clases de empresas sociales, y hay un creciente número de modelos a seguir. Wendy Kopp convirtió su tesis en Princeton en Enseñar en Estados Unidos, y ha tenido muchísimo más impacto en las escuelas que el secretario de educación promedio.
Una emprendedora social aquí es Soraya Salti, una jordana de 37 años que está tratando de transformar el mundo árabe enseñando cómo ser emprendedor. Su organización, Injaz, ahora capacita 100.000 estudiantes árabes cada año para encontrar un nicho de mercado, elaborar un plan empresarial y entonces lanzar y trabajar un negocio.El programa (www.injaz.org.jo) se ha propagado a 12 países árabes y tiene el objetivo de atender un millón de estudiantes este año. Salti argumenta que los emprendedores pueden estimular la economía, dar a los jóvenes un propósito y revitalizar el mundo árabe. En particular, ha aumentado la cantidad de muchachas en el programa, el que ha recibido críticas excelentes y contará con el apoyo de la Agencia Internacional de Desarrollo de Estados Unidos. Mi corazonada es que Salti contribuirá más a la estabilidad y la paz en el Medio Oriente que cualquier cantidad de tanques en Iraq, resoluciones de las Naciones Unidas o reuniones cumbre.“Si se puede captar a los jóvenes y cambiar su forma de pensar, entonces se puede cambiar el futuro”, dijo.
Otro joven con una misión es Ariel Zylbersztejn, un mexicano de 27 años que fundó y dirige una compañía llamada Cinepop que exhibe gratis películas en pantallas inflables en parques públicos. Zylbersztejn se dio cuenta de que el 90 por ciento de los mexicanos no puede pagar el boleto del cine, así es que inició su propio modelo empresarial: vende patrocinios a compañías para que se anuncien ante los miles de espectadores que van gratis al entretenimiento.Zylbersztejn trabaja con organismo de microcréditos y grupos de asistencia social para que hagan que las familias vayan a ver sus películas y ayudarlas a iniciar negocios o probar otras estrategias para superar la pobreza. Cinepop apenas tiene tres años, pero ya son 250.000 personas las que ven películas en pantallas, y su objetivo es llevar el modelo a Brasil, India, China y otros países.
Así es que mientras seguimos la campaña presidencial, no olvidemos que el ganador no será el único que dé forma al mundo. Solo una persona puede llegar a ser el Presidente de Estados Unidos, pero no hay límite alguno a la cantidad de emprendedores sociales que pueden hacer que este planeta sea un lugar mejor.

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