martes, 24 de junio de 2008

Obama y el cambio

Editorial de Carlos Alberto Montaner, que nos explica claramente, a través de la campaña hacia la presidencia del candidato Obama, como las sociedades no necesitan élites o líderes salvadores, para avanzar hacia el desarrollo, sino procesos sociales que sean reafirmados por la presencia de ciertas personas en la presidencia.
Originalmente publicado en diario EL COMERCIO de Ecuador

Ted Sorensen, uno de los ideólogos del gobierno de John F. Kennedy, dijo que tal vez la elección de un presidente católico en 1960 era más difícil que la de un afroamericano en 2008. Puede ser. Pero la sociedad americana se ha movido desde su fundación a fines del XVIII: la apertura y asimilación progresiva de todos los grupos étnicos, de todas las tendencias culturales y de las diversas minorías. EE.UU. es una sociedad en perpetua y acelerada expansión. Lo explicó muy bien el premio Nobel Douglass North en un ensayo reciente: EE.UU., sin proponérselo, inventó para el mundo la ‘sociedad de acceso abierto’ basada en la competencia y la subordinación a la ley.
La combinación de ambos elementos ha generado, por una punta, la renovación permanente de la élite dirigente en el terreno político, y, por la otra, un desarrollo tecnológico y científico que produce increíble riqueza. Tras el ejemplo estadounidense siguieron otros países de ‘acceso abierto’. Dada esta perspectiva, Obama no traerá cambio: él es el producto de los cambios. En apenas medio siglo, los afroamericanos pasaron de luchar por un puesto en la parte delantera del autobús a la conquista del despacho presidencial en la Casa Blanca. Lo que define que la principal función del jefe del Estado no es guiar a los estadounidenses en una dirección elegida por él o su partido, sino perfeccionar las instituciones -y facilitar los mecanismos que hacen posible que las personas compitan en un clima justo para que el conjunto de la sociedad evolucione como consecuencia de las decisiones que toman todos los días millones de personas. Esto se entiende mal en el exterior. Leo que los españoles votarían abrumadoramente por Obama si pudieran participar en las elecciones. Y esa misma fue la impresión que tuve tras recorrer recientemente varios países latinoamericanos: prefieren a Obama. ¿Por qué?
Por la imagen negativa de Estados Unidos que prevalece en el mundo. Sin matizar, sin detenerse a comparar, ven al país como una potencia imperial manejada por las grandes corporaciones económicas, que consume una parte sustancial de las riquezas mundiales, ensucia la atmósfera y los océanos, margina a los pobres. Exactamente la imagen que proyectan Michael Moore en sus documentales y buena parte del establishment académico norteamericano en sus publicaciones universitarias.Para el mundo, cuando Obama dice que va a cambiar el país fuera de las fronteras americanas se le percibe como un revolucionario que terminará con los abusos de la CIA y el Fondo Monetario, retirará a las tropas acantonadas en el extranjero, someterá al orden a las multinacionales, cuidará del medio ambiente al costo que sea y gobernará para los pobres.¿Qué ocurrirá si Obama llega a la Casa Blanca? Prácticamente nada de lo que sueñan los simpatizantes de Obama en el exterior. Como tampoco el católico Kennedy introdujo un cambio fundamental en los 1000 días que gobernó.

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